Esta no es una historia con un bonito principio, pero sí con un interesante desarrollo.
En Julio del 2015, la persona a la que más quería en ese momento -que, por desgracia no era yo misma- y por la cual habría dado todo, me dejó. Alegando que no estaba preparado para tener una relación conmigo, que seguía enamorado de su anterior novia; y consideraba que yo daba todo en la relación y él no daba lo suficiente.
Excusas de un chico que se agobió al verse en una relación tóxica con una primeriza; quiero creer a día de hoy, aunque puedo equivocarme.
Ese día -no recuerdo la fecha exacta, pero digamos que fue finales de julio- significó un antes y un después para mí. Me dije a mí misma que no dependería de nadie, ni aunque me prometiera o jurara amor eterno. Dejé de creer de la noche a la mañana en los príncipes propios de los cuentos de hadas, en las medias naranjas y empecé a quererme a mí. Dejé de ser una frágil princesa que necesitaba la aprobación y aceptación del mundo, para convertirme en la chica que soy; con más o menos imperfecciones, pero una persona más, al fin y al cabo.
Recordaba a todas horas las canciones y los momentos que habíamos vivido. Y comprendí que, porque hubiesen sido nuestras, no dejaban de ser mías; y que no tenía que ponerme con la lágrima fácil cada vez que las escuchaba. Wish you were here ha sido y será una de mis canciones favoritas; I could have lied, aunque no la reconociera al principio, llevaba años escuchándola con mi padre; y es de mi grupo favorito; la añadimos a la lista. Mi padre, de nuevo, me enseñó a Jorge Drexler antes que él, y Soledad, para mí y en este momento, no tiene que ver con "terminar relaciones" ni con el hecho de que estar solo o sola sea algo malo. Me siento identificada cada vez que la escucho, ya que aún estando rodeada de gente, estoy sola. Y no es algo malo; me gusta ese sentimiento de vez en cuando. Significa privacidad, intimidad, compartir momentos conmigo misma. No va a ser tampoco una canción triste que me haga pensar en él. Es más, ya no lo es. Tengo más canciones que compartir con otras personas.
No voy a decir que dejé de pensar en él al momento, porque sería mentira. Pero sí que di un paso de gigante al darme cuenta de eso, que no necesitaba medias naranjas que me completaran. NO soy una fruta, no soy media persona (a pesar de las historias sobre el amor platónico); soy una persona que no necesita complementarse con nadie para ser feliz.
Me da rabia que me haya tenido que dar cuenta de estas cosas a raíz de una ruptura y que no hayan sido en un momento más apropiado. Aunque también me alegro, porque no se si sería la misma a día de hoy.
Como he dicho, no fue fácil dejar de pensar en él, pero yo no sabía lo que estaba a punto de ocurrirme, y lo afortunada que iba a ser después de eso.
Como desde hacía varios años, mi amiga Mara y yo, fuimos a las fiestas de Soto, un pueblo cercano a Colmenar Viejo (donde vivo); y allí coincidimos con otra amiga mía, Sofía, a la cual conocí en unas circunstancias peculiares -Tomás le contó que mi plan idílico de futuro era montar un chiringuito en Mallorca y tocar el ukelele a los turistas o consumidores que me dejaran propinas- y Jorge, otro chico al que Mara conocía de la biblioteca. Después de una larga conversación con Jorge (y una presentación poco fortuita), en la que hablamos sobre series, cine, música y sobre nosotros , en general, nos dimos cuentas de que éramos prácticamente vecinos, así que bajamos juntos a casa. Días después, quedamos en un descampado cercano a mi casa y allí nos besamos. No fue un beso de película, ni perfecto, pero estábamos viendo las estrellas y con Stairway to Heaven de fondo. Esto supongo que lo hizo más especial.
Jorge y yo seguimos quedando después de eso, aunque yo le dejaba claro desde el principio que no quería tener una relación seria, y prácticamente siempre le recordaba que me habían hecho mucho daño, y que no estaba preparada para tener nada serio ni de lejos. Él aceptaba casi sin pensárselo. Yo, tres meses después de discusiones, besos, borderías por mi parte, arrumacos, enfados sin sentido y mucho cariño, le pedí salir.
Lo hice por dos razones: La primera era que había llegado a un punto en el que pensaba en él casi a diario, y me sonrojaba solo con hacerlo. A pesar de llevar una semana sin hablar entre nosotros. La segunda era que estaba segura de mí misma y de lo que quería: Un chico que tenía las ideas claras, que me quería (en presente), me respetara y en quien podía confiar. Él buscaba lo mismo, y a día de hoy, un año y pico después de conocerle, me alegro de cada decisión que tomé, y de haberlo conocido.
No es el chico perfecto, y eso es lo que me encanta de él. Tiene sus defectos, como yo, y eso es lo que hace que sea más interesante, intenso y que merezca la pena.
Jorge Planelló, esto es gracias ti. Es una tontería tener que escribirlo, pero mira... Llegados a este punto, ¿qué más da? Me encanta todo lo que hemos compartido, lo que he aprendido y lo que sigo aprendiendo a tu lado.