Después de dos semanas en la ciudad eterna, estoy fundida con el entorno y el ambiente. Me encanta pasear después de clase por la zona histórica o, simplemente, por mi barrio. Me he apuntado a varias caminatas nocturnas que surgieron de un "Y yo ahora qué hago... Es tarde, pero no tengo sueño aún".
Estoy viviendo una experiencia increíble; conociendo gente de todo tipo y disfrutando de la comida. Ay dios, que miedo, la comida.
A falta de 20 y 29 días para que vengan Jorge y mis padres -con una nueva incorporación: Mi primo Guille- respectivamente, estoy deseando que vengan para enseñarles los rincones que he descubierto.
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