martes, 7 de mayo de 2013

Con los nervios a flor de piel

Se encontró sola, en clase, sin saber que hacer. Dio vueltas por cada pasillo del colegio para calmar sus nervios. Pronto llegaba la hora de la verdad.

No sabía muy bien que hacer; tenía que estar estudiando, pero no podía concentrarse en esa situación, no en ese momento.

Las 10:45. Es la hora. Se acerca sigilosa por los pasillos hasta el aula en el que ha quedado con su profesor. Va a darle una nota muy importante, espera no derrumbarse o alegrarse demasiado, pase lo que pase, la suerte estaba echada.

Entra en clase, saluda educadamente y el profesor invita a la joven a tomar asiento. Ella esconde sus manos para que el profesor no vea como tiemblan, pero esto no le salvará, porque huelen su miedo, son capaces de identificarlo a metros de distancia. Crueles depredadores que, en vez de sangre, buscan notas.

Ella se teme lo peor. Está esperando a que el profesor le diga, decepcionado o indiferente, la nota que sacó en el examen. Y entonces como si todo estuviera planeado, suena un horrible y molesto pitido que advierte la llegada del recreo. ¿Tanto tiempo ha pasado? ¿Tantos minutos han transcurrido desde que estaba sentada, andando por los pasillos y sin saber que hacer?

"Nos veremos mañana y hablaremos. Ahora me tengo que ir"

Ganas de matar: Aumentando.

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